la Gran Ilusión –

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Comedia dramática de Jean Renoir, con Jean Gabin (teniente Maréchal), Pierre Fresnay (capitán de Boëldieu), Erich von Stroheim (capitán von Rauffenstein), Marcel Dalio (Rosenthal), Julien Carette (actor), Dita Parlo (Elsa), Jean Dasté (el maestro), Georges Peclet (un oficial), Jacques Becker (un soldado inglés).

  • Guión: Charles Spaak y Jean Renoir
  • Fotografía: Christian Matras
  • Decoración: Eugene Lourié
  • Música : Joseph Kosma
  • Ensamblaje: Margarita Renoir
  • Producción: Raymond Blondy (RAC)
  • País : Francia
  • Fecha de lanzamiento : 1937
  • Duración : 1 h 53
  • Premio : Premio del Jurado Internacional a la mejor película artística Venecia; Premio a la Mejor Película Extranjera de la Crítica Estadounidense

Abstracto

En un campo de prisioneros en la frontera franco-alemana durante la Primera Guerra Mundial, el uniforme une a hombres de todos los orígenes sociales. Si bien la vida está organizada lo mejor posible, los vínculos parecen más estrechos entre dos oficiales enemigos de la aristocracia que entre soldados del mismo ejército. Tandis que le capitaine de Boëldieu et son homologue allemand Rauffenstein évoquent le déclin de l’aristocratie et les honneurs de la guerre, deux prisonniers français s’évadent et réussissent à passer en Suisse grâce à l’aide d’une paysanne amoureuse de l’ un dos.

Observación

Aristócratas de todos los países …

Clasificado en 1958 entre las doce mejores películas del mundo, la gran ilusion hasta entonces había sido recortado en dieciocho minutos por los censores que lo veían como una empresa de desmoralización. En los albores de la Segunda Guerra Mundial, esta obra idealista y pacifista apareció como una advertencia. Con su sentido habitual de la historia, Jean Renoir se adhiere a un microcosmos, y encontramos en su stalag todas las características sociales de la Francia de entreguerras. La habilidad del director es haber confiado los roles principales de la gran ilusion a figuras emblemáticas del cine de la época. La rigidez de Rauffenstein se ve acentuada aún más por el collarín que lleva Erich von Stroheim. Asimismo, los diálogos de Charles Spaak se encargan de hacer que los protagonistas franceses hablen con distintas entonaciones y palabras, que denotan mejor la brecha entre ellos que los discursos largos. Jean Gabin interpreta aquí al personaje más cercano al propio Renoir, en el linaje de un mito erigido con Pépé le Moko. Maréchal corresponde al francés medio, como uno podría imaginarlo entonces: impregnado de sentido común, boca grande, brusco con un corazón de oro y patriotismo inquebrantable. Rosenthal, por su parte, atestigua la exitosa asimilación de la comunidad judía a la sociedad francesa, en el mismo momento en que el Reich nazi profesa un antisemitismo endémico y bárbaro. Último vestigio de la sedimentación provocada por la Revolución, Boëldieu por su parte simboliza una aristocracia fracasada, que no puede reconocerse en un mundo donde el honor parece haber caído en desuso. Sin embargo, como de costumbre, Renoir se abstiene de recibir lecciones de moralidad. Como más adelante en Las reglas del juego, prefiere entregarse a su actividad favorita: un juego de masacre del que nadie sale ileso.

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