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El término, tomado del campo de las bellas artes – en particular del de la pintura – por ciertos críticos literarios modernos, define un conjunto de rasgos estéticos comunes a las obras literarias del Renacimiento europeo, especialmente francesas, producidas durante la segunda mitad del siglo XX. xvimi y al comienzo de xviimi s. Derivado del término resolver quien, en la Italia de xvmi y xvimi s., designado el estilo, la «manera» original de un pintor o una escuela pictórica, antes de tomar, en xviimi s., el significado peyorativo de estilo «amanerado», el calificativo de manieristas se aplica, entre los historiadores del arte moderno, a los sucesores – italianos o flamencos en su mayor parte – de los grandes clásicos de la primera época del Renacimiento italiano (Rafael, Vinci, Miguel Ángel); en Francia, la pintura manierista está representada principalmente por los pintores de la llamada escuela “Fontainebleau” (Le Rosso, Le Primatice). Lo definimos (J. Bousquet, Manierismo, 1964) por seis rasgos principales: la nitidez y el énfasis del dibujo, la afición por las formas geométricas, el gusto por la línea «serpentina», la tendencia a distorsionar las perspectivas, el contraste de colores ásperos y la búsqueda de atmósferas raras.

La aplicación de la noción de manierismo a la literatura (como la del barroco) plantea tres tipos de problemas. Primero, los planteados por cualquier transposición de categorías críticas de un sistema estético a otro. Que, entonces, del estatus histórico de esta noción: ¿debe definirse de acuerdo con criterios estrictamente históricos (un terminus a quo generalmente ubicado alrededor de 1545, un terminus ad quem vers 1610), ou bien faut-il la concevoir, de façon plus large, comme un ensemble de traits formels, atemporels par essence, susceptibles d’apparaître de manière intermittente dans la littérature et de lui imprimer leur marque à des périodes différentes de son historia ? Último problema, finalmente: ¿el manierismo constituye un fenómeno de orden puramente formal, o sus características estilísticas están asociadas a un conjunto específico de temas, a un tema original?

En lo que respecta al primer punto, parece que se pueden trasponer adecuadamente al campo literario determinados criterios del manierismo pictórico: categorías estructurales como, por ejemplo, las de «realce de formas y figuras», de «Búsqueda de expresividad», La «movilidad de las formas», la «estructura descentrada», etc., aplicadas a la literatura, resultan instrumentos de análisis de innegable eficacia. Ciertos críticos (M. Raymond) proponen una definición histórica bastante estrecha del manierismo literario; otros, como CG Dubois (que la inscribe en la problemática general de las relaciones entre el artista y sus modelos), la conciben en cambio como una tendencia fundamental de la literatura, susceptible de actualizarse en diversas formas (l alejandrineismo antiguo, el poéticas de los retóricos, petrarquismo, Milton, Claude Simon, Lacan). Parece lógico postular que la especificidad fundamental del manierismo no reside en una colección singular de temas, sino en el tratamiento original de un tema universal. Una concepción tan «formalista» del manierismo no equivale en modo alguno a separarlo de la historia concreta: es evidente que se pueden establecer relaciones más o menos directas, tanto en el campo literario como en el de las bellas artes, entre la estética manierista de la Renacimiento y algunas realidades históricas contemporáneas. Así, así como hoy es universalmente reconocida la estrecha relación entre la estética barroca y el movimiento Contrarreformativo, parece tentador establecer, a la inversa, una relación entre la estética manierista y la profunda crisis de conocimientos y mentalidades generada por la revolución humanista. de xvimi s. : G. Mathieu-Castellani ve el manierismo como una estética adecuada al escepticismo radical redescubierto en ese momento. El manierismo aparece en un mundo angustiado por el rechazo del principio de autoridad y el cuestionamiento del aristotelismo, un mundo sometido por las nuevas técnicas de imprenta a la observación de la multiplicación de formas y a la nostalgia del Uno, un mundo completamente problematizado donde la alegoría ya no puede ser clara y donde prevalece el tema del laberinto o recapitulación, tantas figuras de pérdida. En esta mimetismo diferencial de manierismo juega una retórica de impostura y seducción, y persiste en una vocación meditativa. A partir de estos rasgos, conviene señalar una diversificación del manierismo en Europa desde 1550 hasta 1700: Miguel Ángel, Le Tasse, Marino, en Italia; Góngora, Quevedo, Calderón, en España; Montaigne, d’Aubigné, Malherbe, Théophile de Viau en Francia; Donne, Herbert, Webster, Middleton, Carew y Marvell en Inglaterra; Opitz, Fleming, Gryphius, Hofmannswaldau en Alemania; Revius, Huygens, Luiken en Holanda.

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