Paz Armada – Historia – InfoEscola

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«Si vis pascem, para bellum”. Este antiguo proverbio latino, cuya traducción literal sería algo así como: “Si quieres paz prepárate para la guerra” describe perfectamente el período de la historia europea (y mundial) llamado “paz armada”. Una época en la que el mundo se estaba preparando muy rápidamente para la tragedia de la Primera Guerra Mundial.

Desde los últimos años del siglo XIX, más concretamente desde 1870, Europa ha entrado en una espiral de tensiones y conflictos latentes que se ha prolongado durante más de 40 años. Varias razones llevaron al continente a esta escalada de tensiones y enfrentamientos.

El primero de ellos es el proceso de unificación de dos regiones de Europa. Italia y Alemania, tras sucesivos conflictos y revueltas, lograron consolidar sus respectivos procesos de unificación, convirtiéndose en estados soberanos, independientes y unificados, agrupando a varios antiguos estados europeos que datan de la Edad Media y la Edad Moderna.

Este proceso fue bastante conflictivo, especialmente en el caso alemán, que libró guerras contra Austria, Dinamarca y Francia para consolidar su territorio.

Esto ha creado otro problema que hace que Europa esté aún más tensa. Los franceses, derrotados en 1870 y habiendo perdido territorios, generando una profunda crisis en el país, alimentaron un comportamiento revanchista muy fuerte hacia los alemanes, provocando tensión en el centro del continente.

Otro factor preponderante para elevar la temperatura de los conflictos fue la feroz disputa colonial entre varias de las potencias europeas. Inglaterra y Francia, cuya política colonial estaba hasta ese momento estabilizada y garantizada, empezaron a tener en los dos nuevos Estados europeos fuertes competidores tanto en la cuestión industrial (donde alemanes e italianos lograron un éxito muy considerable en poco tiempo) como en la imperialista, donde tanto Italia como Alemania avanzaban en territorios de interés anglo-francés o limítrofes a estos, en África y Asia.

Otro motivo muy significativo del aumento de las tensiones fueron los arreglos territoriales por los que pasó Europa, ya sea con el movimiento nacionalista, que creció en ese momento y alimentó los intentos de independencia y, con ello, lesionó los intereses de los imperios multiétnicos ya consolidados en territorio europeo. .; o con arreglos sucesivos entre potencias para redefinir sus espacios de influencia dentro del continente en ese momento. El nacionalismo serbio dentro del Imperio Austro-Húngaro es un ejemplo de la primera pregunta, y la pregunta antes mencionada de Alsace Lorraine ejemplifica la segunda.

En este clima de creciente incertidumbre, inseguridad y conflicto de intereses, las principales potencias europeas decidieron optar por una política de disuasión, con el objetivo de obligar a sus adversarios a no utilizar la violencia para resolver ninguno de estos problemas. Esta disuasión se logró a través de un mayor esfuerzo militar, una mayor inversión en material de guerra y un aumento en el número y la fuerza de las Fuerzas Armadas en todos los bandos.

Optando por esta política, Europa se sumergió en un período muy tenso y duradero, aunque paulatinamente, cuando las tensiones no se resolvían, la diplomacia se ejercía con numerosas limitaciones y salvaguardias, el discurso y la práctica militares se convertían en la tónica del discurso político y los pueblos y países se hacían cada vez más involucrados con el discurso bélico, abandonando la memoria de los hechos del siglo XIX, en las guerras contra Napoleón, y la intención de mantener el continente en paz, intención firmada poco después del final de esos conflictos.

Europa optó por un camino sin retorno, que generaría y daría lugar al mundo conflictivo del siglo XX.

Bibliografía:
KEEGAN, John. Una historia de guerra. São Paulo: Companhia das Letras, 2006.
MAGNOLI, Demetrio (org.). historia de las guerras. historia de las guerras. sao paulo: contexto, 2006

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