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Théophile Gautier

Este poema de forma fija, de origen italiano (xivmi s.), se extendió a toda Europa en xvimi s., su época dorada, especialmente en Francia, donde se congela en forma «impecable». Pero, considerado artificial, parodiado, transformado en madrigal o en un juego de salón, una oportunidad para mostrar su espíritu, pierde su nobleza durante el xviimi s. Luego experimentó (como las otras formas fijas) un largo eclipse, hasta alrededor de 1850, cuando nuevamente se convirtió en una forma poética importante en Baudelaire, Verlaine, Heredia, Rimbaud, Mallarmé … A pesar de Apollinaire y los manifiestos surrealistas presionando por l ‘estallar de restricciones, y la práctica de versos «libres», el soneto sigue siendo, paradójicamente, el único tipo de forma fija que los poetas contemporáneos aceptan enfrentar. Así, Desnos y Jouve, Queneau, J. Cassou (33 sonetos compuestos en secreto), Guillevic, Neruda, Brecht, J. Roubaud …

Las reglas del soneto son estrictas. Debe incluir dos cuartetas y dos tercetos (para algunos, sería la conjunción de un ocho y un seis). Las rimas deben ser aceptadas y parecidas (abba x 2) para cuartetos, los de tercetos adoptan la disposición ccd / eed (el soneto dice «italiano»), o ccd / ede (soneto llamado «francés»). La singularidad radica en esta división en dos partes desiguales (ellas mismas binarias): un cambio de ritmo resulta del paso de una agrupación de dos por cuatro unidades (número par) a una agrupación de dos por tres unidades (número impar). En las cuartetas, la disposición asegura un perfecto paralelismo y cohesión (identidad de la rima de los 4mi y de 5mi vers), y al mismo tiempo una clara separación entre las dos estrofas, «como los dos espejos de una imagen, o espejos el uno del otro» (Aragón). En los tercetos, la disposición ccd/eed deja la mente en suspenso hasta la resolución del verso final: “Ésta es la severa belleza de los dos versos que riman, que se suceden de inmediato, para dejar el tercero en su extraña rima, quedó en el aire, sin respuesta. […] hasta el final del soneto, como música errante ”(Aragón).

El desarrollo de tal sistema se debe a una concepción humanista que vincula la música, las matemáticas (e incluso la astronomía: la música de las esferas) y la poesía: Baudelaire (que practica el soneto «irregular») lo encuentra «una belleza pitagórico »(Alusión a la proporción áurea). La longevidad del soneto ha demostrado, incluso cuando la poesía se ha separado de la música, que esta fórmula es fructífera: Queneau ofrece un manual que permite a todos componer a su antojo «cien mil billones» de sonetos; J. Roubaud, poeta-matemático, lo presenta bajo el signo de la relación de pertenencia (∈, 1967).

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Pues el marco así trazado obliga al poeta a organizar su discurso en paralelismos y contrastes, tanto semánticos como rítmicos; el poema se convierte en «un aparato en el que tiene lugar una construcción de deducciones e inducciones afectivas» (Jouve), «una máquina pensante» (Aragón). El paso de cuartetas a tercetos es a menudo el punto decisivo de una bisagra lógica. (la volta), y el último el de un punto de órgano, o de una inversión final (la caída, el punto).

Durante el Renacimiento, las colecciones de sonetos representan la proeza de una renovación inagotable dentro del marco fijo de una forma y un sujeto. Al final del xixmi s., los sonetos se convierten en entidades aisladas, cada una con su propio título. Pero la idea de sonetos en serie fue retomada por Desnos, Queneau, Neruda, Roubaud: todos los sonetos forman entonces un único poema largo organizado rítmicamente en células homólogas y dependientes entre sí, como en una medida en la música.

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