Boulevard du Crépuscule Sunset Boulevard

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Sunset Boulevard

Drama dirigido por Billy Wilder, con William Holden (Joe Gillis), Gloria Swanson (Norma Desmond), Erich von Stroheim (Max von Mayerling), Nancy Olson (Betty Schaefer), Fred Clark (Sheldrake), Lloyd Gough (Morino), Jack Webb (Artie Green), Franklyn Farnum (Undertaker) y, en sus propios roles: Cecil B. De Mille, Hedda Hopper, Buster Keaton, Anna Q. Nilsson, HB Warner, Ray Evans, Jay Livingston.

  • Guión: Charles Brackett, Billy Wilder, DM Marshman Jr.
  • Fotografía: John F. Seitz
  • Decoración: Hans Dreier, John Meehan
  • Música : Franz Waxman
  • Ensamblaje: Doane Harrison (supervisora), Arthur Schmidt
  • Producción: Charles Brackett
  • País : Estados Unidos
  • Fecha de lanzamiento : 1950
  • Su : en blanco y negro
  • Duración : 1 h 50

Abstracto

Hollywood, 1949. Joe Gillis, guionista sin un centavo, acepta la hospitalidad de una antigua gloria de los silenciosos, Norma Desmond, que vive recluida en Sunset Boulevard. Norma le confía una adaptación de Salomé con lo que espera hacer su regreso a las pantallas. Joe entra a regañadientes en este loco sueño, y pasa imperceptiblemente de la condición de empleado a la de gigoló …

Observación

Crepúsculo de las mitologías de Hollywood

Bulevar Crepuscular es la historia de una seducción y una caída, el conflicto explícito de dos generaciones, el choque simbólico de dos épocas: la, ya lejana, del cine mudo; la naciente de la década de 1950, que vio cambios decisivos en la estructura de la producción estadounidense. Billy Wilder no es tierno por el nuevo Hollywood, cuyo mercantilismo y dureza rasca; Sin embargo, no idealizó el de los años veinte, sino que encontró en él una grandeza delicuescente, una extravagancia, una pompa fúnebre que satisfizo tanto sus inclinaciones expresionistas (muy fuertes en ese momento), su gusto por la tragedia y su humor cáustico.

Una figura monstruosa y patética, Norma Desmond encuentra en Gloria Swanson una intérprete excepcional, que asume valientemente todos los excesos de su personaje y nos ofrece una brillante recreación / estilización de los gestos del silencioso. Norma no encarna ni la verdad ni la memoria de este cine, pero presenta una distorsión patológica del mismo, de una majestad inquietante y sorprendente. Su villa (tan inquietante como la de la señorita Havisham en Las grandes esperanzas), su opulenta limusina, su extraño marido-mentor-mayordomo son el reflejo de un tiempo abolido, de un mundo desaparecido en el que Joe Gillis se dejará llevar por una compleja mezcla de debilidad masoquista y piedad …

Se confunde a Hollywood con una ciudad sin historia. Surgida de la nada, la capital del cine recurrió a sus propias creaciones para darse un estatus cultural, haciendo de la imagen filmada su referente supremo, su capital mitológica única. Sin embargo, el cine es sin duda la más frágil de las artes. El más voraz también, que exige constantemente nuevos rostros, nuevos cuerpos. Norma Desmond sucumbe al aplastante peso de su imagen preservada artificialmente. Hollywood es una ciudad mortal y caníbal; ninguna película ha ilustrado mejor esta realidad que Boulevard du Crépuscule.

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